Mareaviva: La lonja de Isla Cristina junto al Nervión Plaza

Con el pescado por bandera, Mareaviva es sobre todo un lugar en el que disfrutar, reír, comer rico y salir de la rutina.

publicidad

A veces tienes que hacer caso de las reseñas que hay por ahí sobre un restaurante, pero otras no tanto. Si bien Mareaviva (Luis Arenas 151, junto al Nervión Plaza) tiene buenas criticas, muchos insisten en que es caro. A mí no me lo pareció. Que comiéramos cuatro personas en un restaurante de forma variada, abundante y un tipo de cocina que apunta a la creativa por menos de 20 euros por cabeza no me parece una exageración. Pero para gustos, los colores (y los precios).

Pero vamos a lo importante, lo que va en los platos. Mareaviva tiene su punto fuerte en el pescado fresco, pero quisimos pedir distintas cosas para probar un poco de todo. Empezamos con algo refrescante como un ajoblanco. En Mareaviva lo hacen de melón y toque de coco, pero su gran gancho es que lo sirven en el caparazón del centollo, cuya carne va desmigada dentro de esta sopa fría. Si bien no soy muy fan del coco (pero eso es problema mío), lo que podría haber sido una sopa de fruta desdibujada no deja de recordar al ajoblanco, con la fuerza del ajo, la textura limpia y, en este caso, el dulzor del melón y el toque marino del centollo. Y bien frío, que se agradece.

Para continuar, uno de esos termómetros infalibles para ver si en un restaurante se hacen las cosas bien o no: croquetas. Aunque las tienen de diversos tipos, nos decantamos por las de setas con chicharrón de Cádiz. Bien por la croqueta, que en su interior guarda una potencia a campo importante y un color oscuro. Menos suerte con el supuesto chicharrón que viene sobre ella. Aunque lo podéis ver en la foto, eso para mí no es un chicharrón ni se le parece. Es grueso y con ternillas, escaso de sabor y más parecido a un trozo de panceta. Una lástima.

Y volvemos al mar y esta vez sí a Cádiz: tortillitas de camarones. Son crujientes y finas, y generosas con los camarones -que no es siempre algo que pase-. En Mareaviva las coronan con un poco de guacamole y tartar de atún por encima. ¿Interesante? Pues rebaja un poco el frito y lo hace algo más ligero con el frescor de lo que lleva encima. Si hay algo que hay que resaltar en este restaurante es que traen el pescado y el marisco directo de la lonja de Isla Cristina, lo que inclina la balanza de nuestra elección a la hora de seleccionar si comemos carne o pescado. De hecho, nuestra siguiente elección para valorar la fritura es una ración de chocos. El choco al cortarlo es blanco inmaculado y tiene la textura aún tersa de la frescura. También la fritura es finísima, dorado brillante y casi transparente, lo que los hace más ligeros. Bien por ellos.

Había que probar algo de carne, y decidimos apostar por algo menos tradicional, como es el brioche de carrillada con huevo de codorniz. Se come prácticamente en dos bocados, y es una manera distinta de presentar lo que en otros locales tendría forma de montadito. La carrillada está sabrosa y el brioche brillante y esponjoso. Como tapa, una buena opción para un picoteo rápido junto con otra más.

Y para acabar, un risotto. En este caso lo elegimos a la tartufata, que lleva un potente sabor a trufa. Con este arroz cremoso vienen unas tiras de jamón crujiente y un llamativo huevo escalfado rebozado en panko -el pan rallado de los japoneses-. El risotto está sabroso y la cantidad de la ración es más que correcta. El huevo está bien hecho con una clara tierna pero hecha y una yema densa que se derrama sobre el arroz al partirlo. Eso sí, si te gusta el arroz muy pasado este no es tu plato, porque el grano está al dente. Al postre no llegamos porque íbamos a reventar, pero como os decimos: una grata experiencia para cuatro personas en un restaurante -y no en un bar-, con buen servicio y platos originales por una cuenta de 78 euros… Pues tampoco es para decir que es un saqueo ni mucho menos. Ya nos contaréis.

publicidad

Compartir:

Otras noticias

Comer en Nervión