
Aníbal González, arquitecto de la Plaza de España, proyectó en la Huerta del Rey hacia 1928 el templo de la Inmaculada Milagrosa. Este proyecto nunca llegó a realizarse pero la presentación del proyecto que fue todo un acontecimiento en la Sevilla de la época. Muchísimos asistentes ataviados con sus mejores galas esperaban atentos el acto de bendición cuando fueron sorprendidos con una fuerte lluvia. Para nuestra suerte Cecilio Sánchez del Pando estaba allí para fotografiarlo.
Aníbal González, tras haber sido obligado a dimitir de la dirección de arquitectura la Exposición Ibernoamericana debido a los continuos roces con el comisario Cruz Conde, impuesto en la dictadura por Primo de Rivera, se centra y vuelca toda su alma y su orgullo en la construcción de la Basílica de la Inmaculada Milagrosa en la Huerta del Rey.
El motivo de la creación de este templo viene dado por la imagen de la Inmaculada Concepción, hoy ubicada en la Iglesia de San Lorenzo. A esta imagen, que en esa época se encontraba en la antigua calle Quevedo cerca de la Plaza del Pozo Santo, se le atribuían varios milagros y ayudas divinas. Tal era el número de prodigios que se decidió construir una iglesia propia para rendirle culto.
Aníbal González no pasaba por uno de sus mejores momento por ser apartado del proyecto de la exposición del 29 tras haber estado entregado a él durante 15 años y por eso se afanó en construir una basílica que llegaría hacerle sombra a la propia Catedral de Sevilla. Una colosal iglesia neogótica de enormes dimensiones, con una plaza delantera de 120 metros de diámetro, fachada de 45 metros de altura y flamequeada por dos torres de 100 metros de altura cada una. Tras su construcción sería uno de los referentes mundiales de la arquitectura religiosa.
Por otro lado en la misma zona el arquitecto proyectó también un centro de enseñanza para unos 1000 alumnos, con dependencias para religiosos, profesores, alumnos y hasta un anfiteatro. Se elige la zona de la Huerta del Rey porque entonces estos territorios fueron adquiridos por la Compañía de Jesús.
Las exageradas dimensiones del proyecto, llevan a muchos historiadores y expertos en la materia a dudar entre si lo que Aníbal González pretendía dotar a la imagen de la inmaculada del mejor templo posible o de mostrar su talento, su poder y retar a quien lo había apartado de la Exposición del 29.
De cualquier manera, nada llegó a buen puerto y desgraciadamente esa iglesia nunca fue levantada. De haberlo hecho la historia, imagen y el perfil urbanístico de la ciudad sería totalmente distinto al de hoy. Al comenzar la construcción una oleada de recortes económicos redujo la colosal catedral a una basílica.
A pesar de ello, el acto de colocación de la primera piedra fue todo un acontecimiento en Sevilla. Cientos de personas se acercaron aquel día a ver cómo el Cardenal Ilundain bendecía la primera pieza junto al Rey Alfonso XIII. Como si de una premonición se tratase la lluvia aguó esta gran cita, ya que un gran chaparrón sorprendió a los asistentes y por ello se dieron lugar a fotografías tan curiosas como la que ilustra esta noticia de Cecilio Sánchez del Pando.
Como hemos dicho desde el principio este sueño estaba truncado, y el final de este proyecto viene dado por la repentina muerte de Aníbal González el 31 de mayo de 1929. Y es que tras su muerte, al ser él el pilar más importante, las obras se detienen y no es hasta mediados de los 40 cuando otro arquitecto sevillano coge las riendas del proyecto: Antonio Illanes del Río. Es mandado por los jesuitas a construir un centro educativo, el actual centro Portacoeli, y aunque en un principio quería aprovechar el proyecto de La Basílica el presupuesto fue insuficiente.

La Basílica fue finalmente abandonada y el último sueño de Aníbal González se apagó. Actualmente, junto a los jardines de La Buhaira, podemos encontrar los pilares de dicha catedral, el enrome basamento de más de tres metros de altura deja ver la magnitud que pretendía tener dicho edificio. El restaurante ‘La Basílica’, haciendo un guiño con su nombre a la colosal y catedral fantasma, hoy en día utiliza esta zona de pilares para colocar sus veladores. No sabemos cuántos sevillanos desconocen que están comiendo sobre las cenizas de un sueño de Aníbal González.
Laura Liñán



