El nombre de las calles: Manuel Casana

manuel casana 1Hay calles con nombres de políticos, artistas y vírgenes repartidas por todo nuestro distrito, pero esta calle es especial. Esta es la calle que recoge la historia de un carpintero, de esos que en silencio y sin alardes, construyeron una parte de la historia de nuestra ciudad y que paseó por nuestro barrio.

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Manuel Casana da nombre a la calle enmarcada entre Eduardo Dato, el Hospital de San Juan de Dios y San Francisco Javier. ¿Pero quién fue Manuel Casana? Pues fue un buen carpintero. Un carpintero que vivía y tenía su taller en Nervión, en el número 13 de la cercana calle de Santo Domingo de la Calzada, donde hoy puede verse aún el edificio de su local un azulejo en el que aparece su nombre y un bonito retablo de San José, patrón del gremio. El inmueble es obra del también insigne arquitecto regionalista Aurelio Gómez Millán.

manuel casana 2Pero no era un carpintero más. Casana se dedicó, en los difíciles años de la posguerra, a surtir de parihuelas y pasos a muchas cofradías de toda Andalucía. Su maestría en la hechura de las líneas maestras de estas estructuras hizo que de todas las provincias andaluzas le llovieran encargos de unas hermandades que pasaban por horas bajas, o bien por la escasez, o bien por haber perdido sus bienes durante la Guerra Civil.

Hizo Manuel Casana pasos como el del Cristo de la Buena Muerte de La Hiniesta, el de Los Gitanos (que dicen las habladurías que lo realizó en tan solo 17 días), el primer paso de la Vera Cruz o el de Jesús Despojado. Además, hizo el paso sobre el que hoy sale el Sagrado Corazón de Nervión, casi vecino de su taller. Pero si a un hermandad se dedicó en cuerpo y alma fue a la Hermandad del Amor. En el Salvador estaba su corazón, y por ello hizo la mesa del altar para los cultos de su capilla, el antiguo paso de La Borriquita y regaló a la corporación el fantástico azulejo que hoy podemos ver en el exterior de la Iglesia Colegial en su esquina con la calle Villegas.

manuel casana 3Pero aquel azulejo tenía su réplica, y estaba en la propia carpintería nervionense de Casana, donde reposaba en el patio en un tamaño menor que el original. Gracias a una investigación, ese azulejo perdido de gran valor, se halló en una hacienda en Espartinas hace unos años. En la Iglesia del Salvador hay una lápida de agradecimiento al que llegó a ser teniente hermano mayor de la corporación del Domingo de Ramos. Y también se dice que donó la madera para un icono de nuestra ciudad: aquella primera rampa del Salvador que permitió por primera vez que La Borriquita salvara los escalones de su puerta.

Miguel Pérez Martín

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