
Aunque Depikofino lleva años instalado en Eduardo Dato, su éxito sigue intacto. Ayer estuvimos comiendo y os contamos cómo nos fue.
Dicen los que saben que buena parte del éxito de un negocio es la ubicación. A la vuelta de la esquina de una Avenida de la Buhaira atestada de mesas y ciclistas pasándote por el cogote mientras comes, en la esquina de Diego Angulo Íñiguez con Eduardo Dato, Depikofino ofrece un clima muy diferente. La terraza es realmente agradable, permitiéndote comer a la sombra pero con el calorcito de esta primavera ya casi veraniega y con vistas a los Jardines de la Buhaira, que desde la otra acera regalan a la vista un cielo de palmeras y de jacarandas en flor.

Empezamos por un clásico de esos que te ayudan en Sevilla a medir la maña de los que se encuentran en la cocina. La ensaladilla es clásica sin alcanzar los límites que ponen nerviosos a los puristas. Delicadeza y cremosidad para un plato que en esta ciudad son palabras mayores. Muy positivo también el tamaño de la ración, algo que se agradece.
Continuamos con las gyozas, que aquí vienen rellenas de pollo y verduras. Si hay algo que da gustazo en una gyoza es ver esas marcas doradas por fuera sobre la delicadeza de la masa, que haya un crujido comedido pero que sigan manteniendo el interior jugoso, las verduras un poco al dente y que estén bien selladas para que el posible vapor no penetre y acabemos con agua en el plato al partirlas. Aquí no hay agua en el interior y el sabor suave del relleno se complementa con una salsa de chile dulce muy ligera que le da el puntito canalla.

Proseguimos con un plato que se sirve por unidades y que trae el cuaresmal nombre de pestiño de gambón y queso. Digamos que es una especie de samosa (aunque con una especie de masa a caballo entre la del pestiño y la masa filo que hace que sea más ligera y crujiente) y que en Depikofino tiene el tamaño aproximado de una cuña de tortilla de patatas. Mucho más plano que una samosa, eso sí, el relleno está sabroso y se nota el gambón, aunque no es la estrella del almuerzo. Al mismo tiempo llega a la mesa el risotto de carrillada. En este caso pedimos tapa para poder pedir algo más y tener más variedad. El arroz tiene ese tacto del risotto que es meloso pero debe mantener un poco el cuerpo del grano, y la carrillada llena de esa intensidad de guiso el plato (aunque la cantidad de carne podría ser algo más generosa).
Para terminar, pedimos el ‘cerdo sumiso’, que encabezando la sección de las carnes de Depikofino consiste en un solomillo de cerdo de bellota con una salsa especial, la salsa sumiso. Una salsa de origen japonés que encaja sorprendentemente bien con la carne, bien marcada y jugosa. Como guarnición, unas delicadísimas chips de batata (creo identificar) que prácticamente se rompen al cogerlas, casi transparentes. La ración también es generosa.

Para los postres, pedimos un trozo de las tres tartas para probar: la de zanahoria, la de chocolate con dulce de leche y la de cítricos con chocolate blanco. Correctas, sin alardes. Y así terminamos un rato placentero en Depikofino, un lugar en el que puedes disfrutar la primavera en un ambiente cómodo, con buena comida y un servicio atento en un entorno tranquilo y un lugar privilegiado.



