El escaso respaldo, las promesas electorales que se quedan en nada o la crisis; cada caso es diferente y particular pero todos acaban siendo lo mismo: Proyectos majestuosos que hubieran dado otro perfil diferente a la ciudad pero que nunca se llevaron a cabo. Te presentamos cuáles de esos proyectos estaban enmarcados en Nervión:Esta semana el diario ABC de Sevilla nos presenta un amplio reportaje de «La Sevilla que quiso y no fue». Nosotros hemos rescatado de esa recopilación aquellos proyectos que estaban dirigidos al distrito Nervión, y aquí te presentamos ese Nervión que quiso y no fue:

Solar de la Cruzcampo
Tras el traslado de la fábrica de Cruzcampo a las afueras de la ciudad, en 2006 Alfredo Sánchez Monteseirín, anterior edil de la ciudad, y el grupo Urvasco llegaron a un acuerdo para la venta de los solares de la antigua fábrica y, junto a los arquitectos Guillermo Vázquez Consuegra, Jean Nouvel, Norman Foster y Arata Isozaki; construir un nuevo espacio urbano «de alto valor arquitectónico. Unas 2.000 viviendas, un hotel de cinco estrellas, espacios para usos terciarios, comerciales y equipamientos de caracter privado, así como la sede social de Heineken. Aquella inversión de 700 millones de euros quedó en pura poesía.
El edificio de Moneo en el Prado
En 1999 el Ayuntamiento, presidido por Soledad Becerril, aprobó la construcción de un edificio del arquitecto Rafael Moneo en el Prado con un coste aproximado a los 5.000 millones de pesetas, un edificio de cinco plantas y 23.000 metros cuadrados en el que destacaba un pórtico de grandes dimensiones con acceso a la cercana estación de autobuses y un aparcamiento subterráneo con capacidad de 590 plazas. A Moneo se le pagaron sus emolumentos y las obras se llegaron a adjudicar a la empresa Dragados. Sin embargo, al llegar Monteseirín al poder lo primero que hizo fue derogar este proyecto y tirarlo a la papelera a pesar del dinero que ya se había invertido en él.
La biblioteca del Prado

La Biblioteca Central de la Universidad de Sevilla ya es solo otro desplante más a un arquitecto internacional. Ni rastro de sus cimientos tras la decisión del TSJA, que obligó a la entidad universitaria a dejar el parque tal y como estaba. Los vecinos fueron los artífices de esta maniobra por la que sus denuncias condujeron a declarar ilegal la construcción de la gran biblioteca en el lado este del parque. Tras esta operación, la Universidad de Sevilla se ha gastado unos nueve millones.
R.N.



