Semana Santa Tribuna abierta

Una catedral verde para Encarnación

Si me tengo que quedar con un momento, me quedo con Encarnación bajo el bosque frondoso del primer tramo de Luis Montoto.

Dice la leyenda que, terminado el Señor de Pasión, Martínez Montañés exclamó: «Esta es obra de Dios, que no mía». Extrapolándolo a un Martes Santo cualquiera, la estampa de la Candelaria por los Jardines de Murillo sería una obra más de Dios -o cualquier fuerza creadora en la que creas- que del hombre. Lo mismo sucede con nuestras cofradías por algunas calles de nuestro distrito. Es la vegetación la que pone el marco para que el momento sea arrebatador.

Estos días de extraordinaria con la Virgen de la Encarnación de San Benito, me he quedado con una imagen espectacular. Yo, nazareno de ruán negro del Martes Santo, nunca tengo la suerte de ver a la Virgen de la Encarnación en la calle en su paso de palio. Por eso, cuando este viernes y este domingo la vi pasar bajo los enormes árboles del tramo de La Florida con Luis Montoto, me quedé sobrecogido.

Como una catedral natural, los inmensos árboles que cierran sus copas en el centro de la calle, crean una especie de bóveda gótica de hojas bajo la que el palio de la Virgen de la Encarnación da un efecto de discurrir por el interior de un monumental edificio. Igual sensación fue la de ver en el mediodía del domingo al palio de la Hermandad de San Benito pasar bajo los tremendos ficus que cuidan desde hace décadas las Hermanitas del Pobres. Árboles poderosos de raíces gigantescas y de ramas de metros y metros que parece mentira que pueda haber en Sevilla.

Los árboles son también patrimonio, ya no solo verde, sino también paisajístico. Obra de la naturaleza, que no nuestra. Aunque sí es nuestra la responsabilidad de cuidarlos y valorarlos para poder seguir viendo a Encarnación bajo su bosque frondoso en Luis Montoto, al Cristo de la Sed en un templo verde en la calle que lleva su nombre, al crucificado de San Bernardo discurrir por la gigantesca galería arbórea de la calle Ancha. Cada árbol que perdemos, aunque en este momento solo hablemos de procesiones, es como si le quitáramos una esquina a un cuadro. Sigue siendo el cuadro, pero le falta algo. Al igual podríamos referirnos a la destrucción de las casas que dieron identidad a los barrios de Nervión. Pero eso daría para otro tema aparte.

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