Crónica: El Sagrado Corazón, las mil novedades y el sol de justicia

Después de la pandemia, a muchos se nos había olvidado el calor que hace en junio cuando sale el Sagrado Corazón de Nervión.

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La Gloria del barrio de Nervión volvía a las calles y, desde hace semanas, ya se intuía que este año iba a ser diferente. Y no solo por esos dos años en los que el barrio ha estado huérfano de procesión en junio, sino por otras muchas cosas. Camino de la Concepción, ya se notaba el ambientillo de que algo estaba pasando, que este no era un viernes normal.

Ante una nueva y remozada plaza en la que los nuevos aparatos de gimnasia -como se veía venir- son ahora palcos a los que subirse para ver mejor la procesión, el Sagrado Corazón salía a recibir el sol y a reencontrarse con su barrio en la calle. Y qué sol. ¿Contempló alguien retrasar una horita la salida? Puede que sí, pero el hecho es que se mantuvo el horario establecido. Estrenábamos día de salida -del domingo al viernes- y recorrido este año -aunque ese sería el menor de los estrenos de la tarde-, por lo que el cortejo se encaminaba nada más salir por la Avenida de la Cruz del Campo. Si algo he aprendido de esta experiencia es que las alpargatas son una mala idea cuando tienes que estar a pies quietos sobre el asfalto a 50 grados de la avenida. Las plantas de los pies me arden, cómo deben ir esos costaleros.

Para la temperatura que hace y el aire caliente que te da un bofetón continuamente, hay mucho público acompañando a la cofradía, pero de eso hablaremos más adelante. Mientras el paso avanza por Alejandro Collantes a los mandos de la voz imperturbable de Manuel Villanueva -otro estreno-, busco el atajo por Beatriz de Suabia para salir a una zona más despejada de Marqués del Nervión. En un cruce, una mujer que claramente no es de aquí habla desde su coche con el policía, diciéndole que si «cuando se abra un hueco en la cofradía» puede pasar con su vehículo. El agente, ojiplático, le explica que eso cómo va a ser.

Muchos como yo van ya buscando San Juan de Dios mientras el Sagrado Corazón recorre Marqués del Nervión entre naranjos. Porque San Juan de Dios es a Nervión lo que el Baratillo o la Cuesta del Bacalao a la Sevilla intramuros. Se agradece que esta vez, al contrario que los Miércoles Santos, no haya vallas ni seguratas en las puertas del hospital. El Sagrado Corazón viene por Eduardo Dato y los chavales que tengo delante empiezan a hablar entre ellos: «Que no, que hay que meterse dentro que aquí le van a tocar ‘La Pasión’ y va a estar guapísimo». Son los ‘trescaiders’. Porque esa es una de las novedades de este año, el cambio de banda a las Tres Caídas de Triana. Los ‘trescaiders’ son una especie singular (aunque oye, cada uno es libre de hacer lo que quiera). Acechan a la banda durante todo el recorrido, sin perderlos de vista, les da un poco igual si acompaña a una cruz de mayo o a cualquier otra cofradía. Se saben el repertorio y los sitios en los que se tocará, y actúan en consecuencia, buscando esos momentos específicos para dejar constancia de ellos en su TikTok particular. Otra cosa a comentar es el número de pértigas, palos selfie (y ojo que yo llevo uno, aunque pequeñito), trípodes, escalerillas para subirse a hacer fotos, monopies… La cantidad de material audiovisual que debe haber de la procesión mañana tiene que ser una locura.

San Juan de Dios es, como siempre, un lugar en el que la emoción desborda. Y sí, suena ‘La Pasión’, el ‘trescaider’ del tupé tenía razón. Cabe destacar que la calidad de la banda es altísima, y que van tocando un repertorio clásico, como la ocasión merece. Que no se me malinterprete. Y la belleza continúa, porque el tramo de Marqués del Nervión desde Eduardo Dato hasta Juan de Padilla nos da momentos bellísimos, como ver al Sagrado Corazón, ya con la noche venciendo al día y los candelabros encendidos, bajo un túnel verde que hace de bóveda fresca en este día sofocante. Especial la parada ante el Colegio San Miguel, donde esperan profesores y alumnos al paso de la procesión. El contraste del Sagrado Corazón con las altísimas palmeras de la Plaza de Antonio Aparicio Herrero me parece una de las mejores estampas de la tarde.

En Juan de Padilla, los naranjos toman el relevo a las palmeras y los vecinos se asoman a las ventanas de los bloques para ver pasar el cortejo. En el Belvedere, al camarero de la barra se le van a salir los ojos ante las dos filas de personas que esperan su cerveza. Más adelante, la representación de La Milagrosa recibe a la corporación en el cruce con la Avenida de la Ciudad Jardín. Y entonces el paso se adentra en las calles en las que viven sus primeros devotos, los vecinos de las casitas, los adosados y, sobre todo, las colectivas. No en vano, con origen en los años 40, la del Sagrado Corazón es la cofradía más antigua del barrio.

Ciudad Jardín recibe al Sagrado Corazón con ese encanto único, con esas calles más oscuras de lo normal, los naranjos, la paz perpetua… Y los que vienen por primera vez a ver la procesión se vuelven locos callejeando por este barrio laberinto que no está hecho para novatos. En la esquina de Almotamid, una nube de incienso densa rodea la talla de Illanes. Las familias, una vez que se ha ido el calor, reciben a la cofradía. Otros, lo hacen desde las abarrotadas terrazas de la clásica Casa Aldana o de la joven Bodega Quijote, donde los celíacos y los intolerantes a la lactosa peregrinan en busca de tapeo a su medida. El Señor se dirige a la Gran Plaza y yo me retiro, con la venia.

Han sido tres horas acompañando al Sagrado Corazón y parece que las novedades de este año -la Hermana Mayor escuchó en misa aquello de «Yo hago nuevas todas las cosas» y lo llevó a rajatabla- le han sentado bien a esta procesión que, a pesar de su solera, en años anteriores no tenía el suficiente apoyo por parte del público. Quizá fuera el día, la banda, el capataz, el recorrido… quién lo sabe. ¿Vendrá aún más público en años venideros cuando la gente escuche este combo Villanueva-Tres Caídas que hay en junio en Nervión? Puede ser. La clave será, entonces, que las esencias no se pierdan. Habrá que esperar.

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