Tribuna abierta

Nervión es esta papelera

En estos tiempos en los que es tan fácil decirle a alguien que es el culpable, qué difícil es asumir que parte de la culpa es de nosotros mismos.

Hace un año que se hizo esta foto. Fue la noche del 1 de noviembre y lo que se ve en ella son los restos de una noche de botellón en plena calle en Marqués del Nervión en la jornada anterior, la noche de Halloween. Aquella noche esas bestias pardas a las que nadie les ha enseñado que lo que destrozan en la ciudad lo pagamos todos, incluidos sus padres, descolgaron esta papelera a rebosar y dejaron esta zona llena de basura.

Cuando aquella noche vi la papelera me planteé si, un año después, la papelera seguiría faltando en su lugar. Y un año después, la papelera aún no está. ¿Podría haber escrito al ayuntamiento para que la repusieran? Por supuesto. Pero teniendo en cuenta que hay varias papeleras en perfecto estado rodeando a esta, creí que era una buena ocasión para hacer el experimento sin causar un perjuicio.

Lo cierto es que esa papelera simboliza bien no solo lo que Nervión es como distrito -y los barrios que la integran-, sino que puede ejemplificar lo que somos también como ciudad. Vivimos en un tiempo en el que nos quejamos de todo pero la mayoría no hacemos nada por hacer que eso cambie. La lucha se ejerce infantilmente desde Twitter y los grupos de Whatsapp. No hay frase que más pereza me dé que un «comparte para que todos se enteren, que se haga viral». Por no hablar del «esto no lo verás en los medios», cuando ni siquiera se han molestado en comprobar si pueden verlo en los medios… Pero eso merecería un artículo aparte.

La papelera simboliza que a través de las pequeñas concesiones que hacemos, vamos poco a poco degradando el espacio público o permitiendo su degradación. Nos importa el botellón cuando no nos deja dormir, pero no nos importa cuando no deja dormir al vecino. «Mi lucha es la más importante porque la sufro yo, apóyame porque esto es una injusticia. Pero cuando tú lo necesites, te daré el Me gusta en Twitter y adiós muy buenas».

Sería injusto decir que todos somos iguales. Porque hay una luz que brilla al final del túnel y se llama ‘asociaciones de vecinos’. Son esos grupos desinteresados que hacen asambleas para comentar sus problemas y plantear acciones, son esas personas que llevan escritos al ayuntamiento y al Defensor del Pueblo para pedir lo que creen que es justo, son los que van a los plenos del distrito a informarse y reclamar -que es el sitio en el que se deben debatir estas cosas y no Twitter, donde los problemas reales se mezclan con los dramas del Primer Mundo-.

¿Se puede poner un tuit y probablemente venga alguien a reponer la papelera? Sí, y de hecho lo haré una vez terminado el experimento. Pero me inquieta que durante este año nadie lo haya hecho. A nadie le ha importado. Hay gente maravillosa por ahí que sale a pasear cada día y que se preocupa que denunciar todo lo que está mal para que las cosas cambien: contenedores llenos, acerados rotos, baches en el asfalto, botellones junto a viviendas, falta de árboles… Qué pena que sean tan pocos. Qué pena que no seamos todos.

La papelera de Marqués del Nervión es lo que somos y lo que seremos si nada cambia. Hay que ser más ciudadanos y menos influencers. Erramos en el concepto. Si nos interesan más los retuits sobre la denuncia que hemos puesto de que falta la papelera que el hecho de que falta la papelera y es necesario reponerla, vamos hacia un callejón sin salida en el que dejaremos de ser barrio para ser solo gente que vive en la misma demarcación administrativa.

También es muy fácil aquello de «por qué tengo que hacer yo algo cuando le pagamos al ayuntamiento para que lo haga». Como hemos dicho otras veces, si no se ocasiona un desperfecto, no hace falta repararlo. Me gusta ese Nervión que cuando saca a pasear al perro recoge unos cristales rotos en un parque para que no se corten los niños al jugar, ese Nervión que tira las cosas a la papelera o que, simplemente, monta verbenas para que los barrios se miren a la cara y se creen lazos. Me gustan los vecinos que no se conforman y los que no solo tuitean sino que, como decía Rajoy de los catalanes, «hacen cosas». El ayuntamiento tiene la responsabilidad de mantener los barrios en condiciones y prestar una serie de servicios, pero nosotros tenemos la obligación de mimar y cuidar lo que nos ha sido dado, lo que otros consiguieron para nosotros. Porque nada ha sido gratis y nada sigue siéndolo. Cuidemos lo que tenemos y pidamos, por supuesto, tener un barrio mejor. Pero dediquemos tanto esfuerzo como dedicamos a buscar culpables a hacer autocrítica. Y a trabajar juntos. Y a hacer barrio. Que no volvamos a estar un año sin una papelera, porque no haya quien la destroce y porque no haya quien no se preocupe para que sea repuesta.

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