
Hemos ido a probar Flamma, que desde la Cruz del Campo mezcla la cocina de Venezuela con la andaluza.
En la era explosiva de apertura de locales de ramen, los hot pot, las smash burger y demás tendencias culinarias; se agradece que alguien venga a refrescar el panorama gastronómico con los sabores de América Latina. Con una carta que casa los platos del otro lado del Atlántico con la cocina andaluza, pasar el rato en la terraza de Flamma (Cruz del Campo, 31) es regalarse un rato para sí mismo en tiempos de carreras y prisas.
Nos habían hablado de este local y, como no la conocíamos mucho, teníamos ganas de probar algo de la cocina venezolana más allá de las arepas (plato que los colombianos también se adjudican, aunque no quisiéramos meternos nosotros en ese jardín, bastante tenemos ya con la batalla del origen del salmorejo).
Flamma ofrece al inicio de su carta una ‘oda a la ensaladilla’ que trae cinco propuestas distintas. Como sabemos que su ‘Reina pepiada’ es su arepa rellena más conocida, qué menos que pedir la que se llama ‘La Reina’. En este plato, la ensaladilla lleva aguacate y pollo deshilachado, al igual que la arepa. Y en vez de regañás, se acompaña con unas pequeñas arepas fritas que le van perfectamente, y que casa a la perfección una de nuestras tapas fundamentales con uno de sus platos emblema.

Seguimos con otro viaje entre ambas orillas a través de otro clásico: las patatas bravas. Solo que aquí, las patatas no lo son, sino que son bastones anchos de yuca con una salsa por encima ligeramente picante. La salsa no es nada del otro mundo, pero cambiar por un día la patata por yuca es acertado cuando está bien frita y crujiente y tierna por dentro, como es el caso.
Por último, probamos algo que, aunque se ha convertido en un habitual en muchas cartas, también es una prueba para ver si está mejor que el de otros sitios con precios más elevados. Hablamos del pan bao negro relleno de chipirones al ajillo picantón y crunchy de zanahoria. Hay que admitir que el hecho de no hacer simplemente unos chipirones fritos sino aportarles el toque del ajillo con un poco de pique es un acierto. Y el crujiente de la zanahoria le aporta contraste y rebaja la posible pesadez del frito.

Nos quedamos con muchas ganas de probar mucho más. La carta es amplia y hay recomendados que habrá que probar en el futuro: los fetuccini a la ‘nostra carbonara andaluza’ que son uno de sus platos estrella, los cogollos de Tudela a la parrilla con chimichurri y queso Scamorza ahumado, la hamburguesa criolla, la pata de pulpo al estilo ‘cajún’ y su célebre tarta cuatro leches. Habrá que volver.



