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El convento olvidado y destruido de Nervión

Nada queda de Santo Domingo de Portaceli. El convento desapareció por completo, pero su memoria quedó, aunque escondida, en los libros de Historia.

Estuvo donde hoy sería impensable que estuviera. A caballo entre el Nervión Plaza y el colegio Buen Pastor. Fundado en el siglo XV, tuvo una de las mejores obras de Montañés y un crucificado de sus estancias fue el primero en ir con la Hermandad de San Bernardo a la Catedral. No queda ningún rastro de su esencia en el lugar en el que estuvo.

Corría el año 1450 cuando Fray Rodrigo de Valencia, dominico, decide levantar un convento en la periferia de la ciudad, donde el campo y las huertas lo poblaban todo. El lugar de este convento, que recibiría el nombre de Santo Domingo de Portaceli, sería la confluencia entre las calles Eduardo Dato, Santo Domingo de la Calzada, Luis de Morales y Martínez de Medina. Acogió a monjes ancianos y enfermos, pero también servía como alojamiento puente de los religiosos que llegaban a Sevilla para embarcarse hacia América.

Como detalle, aunque fue un convento masculino, tuvo entre los siglos XV y XVI una abadesa. Se trató de Inés Enríquez, que mandó en este recinto religioso como hija del Marqués de Villena, noble influyente en Sevilla relacionado con la Casa de Medinaceli.

Su estructura y su gran patrimonio

En el centro de la imagen, lugar aproximado del convento en un plano de 1827.

Si bien la mayoría de los historiadores coinciden en que a nivel arquitectónico el convento de Santo Domingo de Portaceli no era demasiado notable, sí que lo eran algunas obras de arte que cobijaba.

Tenía un claustro y dos patios, ambos extensos. Se habla de un convento de considerables proporciones, con un amplio refectorio y sala de profundis, celdas de gran tamaño con vistas a las huertas. Habría tenido grandes huertas de hortalizas y frutales y estarían regadas por el agua de los Caños de Carmona, según cuenta González de León en ‘Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos de esta Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica e Invicta Ciudad de Sevilla’.

En cuanto a la iglesia del convento, su retablo mayor fue encargado en 1605 por Diego González de Mendoza , y fue un mano a mano entre Martínez Montañés y Pacheco. Su mayor gloria es el exquisito Santo Domingo de Guzmán Penitente de Montañés que hoy podemos ver en el Museo de Bellas Artes. Esta talla que roza la perfección se encontraba en la hornacina central del retablo, y sobre ella se colocaban un relieve de la Asunción de la Virgen y un bajorrelieve de la Santísima Trinidad coronando a la Virgen. En el resto del retablo, encontrábamos obras de Pacheco que representaban a San Jerónimo en el desierto, San Francisco, San José itinerante o Santiago Apóstol. Además, había dos cuadros en las capillas del crucero que son obras de Zurbarán -‘San Luis Beltrán’ y el ‘Beato Enrique Susón’-, que se conservan también en la pinacoteca hispalense. Aquí también llegaron en el siglo XV elementos de la sillería original de la Catedral, que compraron los dominicos cuando Dancart hizo la nueva sillería de la Magna Hispalense en aquellos años (1479).

Tras la desamortización de 1835 y la exclaustración de los frailes (antes había sido también lazareto), el convento quedó abandonado hasta que con la compra del solar por el Marqués del Nervión, el siglo XX trajo consigo su destrucción total.

Parte del convento en San Bernardo

Reconstrucción (en parte) del retablo de la iglesia de Santo Domingo de Portaceli.

El patrimonio que quedó a su suerte en el Convento de Santo Domingo de Portaceli fue a parar a otras parroquias, y principalmente a la Parroquia de San Bernardo. La relación de este convento con la corporación de San Bernardo queda más que patente cuando analizamos la historia de la hermandad del arrabal.

El primer crucificado con el que San Bernardo fue a la Catedral era el de la sala de profundis del convento. Sucedió en 1764 y un año antes habían hecho estación de penitencia a San Benito con el mismo cristo. A partir de aquel año cambiaron el crucificado. Además, el retablo de la Asunción de la Virgen del segundo cuerpo y el de la Trinidad del ático estuvieron en San Bernardo hasta 1936, cuando el incendio provocado de la parroquia acabó con ellos, según cuenta el historiador Benito Navarrete.

Aunque hay algo que sí que permanece en San Bernardo con origen en el convento. En la Parroquia de San Bernardo, en el retablo de Nuestra Señora del Tránsito, hay una figura yacente de la Virgen en una urna que procede de este convento, y que está datada en el siglo XVII.

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