Con Sed y sin agua

Viacrucis del Cristo de la Sed

El tiempo ha dado una tregua al Cristo de la Sed en su salida en viacrucis esta noche de Viernes de Dolores. Pasadas las nueve, la hermandad ponía en la puerta su cruz parroquial con un cielo despejado.

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Los hermanos portaban a un Cristo de la Sed al que en los últimos años nos hemos acostumbrado a ver con corona de espinas y potencias. Corona de espinas que estrena, ya que se la han regalado los costaleros del crucificado para su próxima salida el Miércoles Santo. Hasta la entrada de nuevo en la Parroquia de la Concepción, la hermandad se ha sentido arropada por el calor de los vecinos del barrio en un viacrucis que ha discurrido principalmente por las calles de Ciudad Jardín, vías que no surca nunca durante su estación de penitencia.

El crucificado ha discurrido por las calles oscuras del barrio en viacrucis, y no son pocos los hermanos que han cedido sus balcones a lo largo del recorrido para que se rezaran desde ellos, a modo de púlpito, las diferentes estaciones. Entre estación y estación, las decenas de personas que acompañaban al Cristo de la Sed iban cantando acompañados por una capilla musical.

En algunas calles, acólitos y hermanos tenían que subirse a la acera por la estrechez de la vía. Pero la hermandad ha superado los obstáculos uno tras otro para cruzar Marqués de Pickman y regresar más tarde a los aledaños de la Gran Plaza para enfilar el regreso a la parroquia. Allí, comenzaba la subida del crucificado al paso tras una noche de reconciliación con los parroquianos del otro lado de la Cruz del Campo.

Miguel Pérez Martín

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