Casa Batato: Oda a un huevo frito con patatas y tomate casero

A veces el secreto de tu plato estrella no tiene por qué ser la complicación o la vanguardia, y tiene la sencillez de un huevo frito.

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Muy cerquita de la intersección de la Avenida de la Buhaira con Luis Montoto, en el número 6 de la calle Diego Angulo Íñiguez, se encuentra Casa Batato. A priori podría parecernos un bar más, con un salón reducido y una terraza modesta. Pero quienes relacionan este nombre con Umbrete, sabe que este local encierra algunos pequeños tesoros. Casa Batato llegó a Nervión hace unos años desde esa localidad de la provincia, donde tiene su casa madre. Y es un espejo de lo que en ella se puede encontrar.

Nosotros elegimos sentarnos en la terraza, que con suerte goza de sombra hasta en verano. Y nada más sentarnos, recibimos la cortesía de una tapa de papas aliñás. Sencillas, refrescantes, de las que se agradecen en un día de calor y con la patata más machacada que de costumbre, lo que da la sensación de que cogen mejor el aliño.

Para comenzar, decidimos pedir unos chocos. Quizá los que nos equivocamos fuimos nosotros, ya que íbamos queriendo probar las ortiguillas, pero ese día no había porque no era su temporada. Los chocos, sin más. Algunos un poco duros, aunque el rebozado es fino, dorado y crujiente.

Pero los chocos quedan en una anécdota cuando llega lo que realmente ha hecho famoso a Casa Batato. Algo tan sencillo como unos huevos fritos sobre un tomate frito casero y una cama de patatas fritas. ¿Qué podemos deciros? Iríamos a este local solo para comerlos de vez en cuando y alegrarnos la vida. Los huevos están perfectos, con la yema aún líquida y la clara brillante y perfectamente cocinada, con la sal justa. Las patatas cortadas a mano están bien doradas por fuera y tiernas por dentro. Y la clave es el tomate. Un tomate que aquí es devoción y que tiene un toque de dulzor, a medio camino entre el tomate frito y el tomate confitado. Nada liso, sino con los tropezones del sofrito y algunos trozos aún de tomate que le dan textura. Todo junto es una maravilla. La demostración de que algo sencillo, hecho con mimo, puede convertirse en una estrella absoluta.

Para terminar, nos animamos por el arroz con perdiz, que comenzaron a preparar desde que hicimos la comanda. El punto del arroz es estupendo, y ha cogido todo el sabor de la perdiz, al igual que el caldo espesado que tiene un tono marrón tostado. La perdiz está muy presente, y viene una buena cantidad en el arroz, nada de tacañería. Un toque de sabor a campo para terminar la comida.

Aunque pedimos pocas cosas, es más que suficiente para hacerse una idea de lo que puede ofrecer Casa Batato y su oferta de cocina tradicional. A veces no hace falta más. A veces un huevo frito con tomate y patatas es lo único que necesitas para ser feliz.

Recuerda que puedes consultar más reseñas de restaurantes y bares de Nervión en la sección Comer en Nervión.

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